3 consejos para comer con cabeza

Comer bien o comer mal depende de la parte de nuestra cabeza que tome las decisiones, así de simple.

Si dejamos nuestra alimentación a cargo de nuestro cerebro más primitivo, siempre tendremos hambre y comeremos con los ojos, como dice mi madre. Por el contrario si tomamos las decisiones acerca de nuestra alimentación con la corteza cerebral, la famosa sustancia gris, sabremos perfectamente lo que necesitamos en cada momento. He ahí la diferencia entre gula y hambre.

Obviamente no es algo que se puede hacer siempre bien o siempre mal, hasta los que mejor comen se dan sus licencias (o deberían) y se dejan llevar por el «cerebro reptiliano», y los que peor comen saben que lo hacen incorrectamente. 

La batalla contra la gula es una batalla perdida si no tienes las armas adecuadas, conocimiento y capacidad de decisión. Pero con estas 3 sencillas acciones vamos a dar más peso a nuestra zona consciente y vamos a comer mejor sin pasar hambre y sin que nos cueste un esfuerzo. Toma nota:

1- EL CONTRASENTIDO DE LAS DIETAS

La gula es un instinto de supervivencia evolucionado generación tras generación, durante milenios que nos lleva a comer todo lo que podamos, cada vez que podamos.

Por lógica este instinto se agudiza en tiempos de escasez. Si nos ponemos a dieta, creamos una escasez ficticia, acto seguido nos entra una sensación de hambre permanente y no podemos pensar en otra cosa que en comida. 

Es una de las normas básicas del marketing, la sensación de escasez, hasta los mejores publicistas saben que cualquier campaña tiene más éxito si es por “unidades limitadas” o “tiempo limitado”, atacando así directamente a nuestros instintos más primitivos como consumidores. Exactamente el mismo comportamiento que estás provocando tú al ponerte a dieta. No te crees tú esa falsa sensación, si hay algo que no le falta a la sociedad desarrollada es alimento.

Así, antes de cualquier ataque de gula y empezar a comer de manera desordenada hazte estas tres preguntas: 

¿Qué está generando estas ganas de comer?

¿Tengo hambre real?

¿Es un producto que me va a aportar nutrientes o solo “calorías vacías”?

Hechas estas preguntas, luego comerás o no, pero por lo menos has dado un gran paso hacia la consciencia de lo que comes y por tanto a una manera más inteligente de comer.

Has visto que en la introducción he puesto que todos, incluso los mejores comedores deberían permitirse sus licencias. Claro, es otra válvula de escape para eliminar esa sensación de escasez, de dieta estricta que tanto miedo da. Evítala.

2- NO CUENTES OVEJAS, CUENTA PLATOS

En ese ratito de tranquilidad nocturna en el que acabas de apoyar tu cabecita en la almohada, haz un repaso a tu jornada alimenticia. Repasa aquello que has comido en el desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, y si has picado entre horas. Entonces, a la vez que vas recordando cada comida analiza qué sí y qué no está alineado con tus objetivos. 

Al 4º o 5º día seguido que hagas este pequeño ejercicio, notarás que te ayuda a ser más consciente de lo que te comes cada vez que te sientas en la mesa, dando otro gran paso hacia tu alimentación consciente. 

Lejos de ser un ejercicio de fustigación, debe convertirse en un ejercicio de alegría, gracias al cual  tu parte consciente irá ganando terreno a los instintos en algo tan importante como la comida. 

3- SÉ UN SIBARITA

Es uno de los consejos que intento que todos mis clientes acepten desde el primer día, ya que si lo pones en práctica, te vas a ahorrar muchas calorías y mucha “basura” en tu cuerpo.

No comas aquello que no vas a disfrutar de verdad, es una forma muy beneficiosa de quererse y valorarse. 

Me explico, imagina que pides una cerveza fresquita y te traen para acompañarla un aperitivo “regulero”. Si vas a disfrutar cada trago de la cerveza con ganas, genial, eres un sibarita, te lo mereces. Ahora esa compañía en el plato que ni vas a disfrutar ni la necesitas, déjala, no va contigo, eres un sibarita. 

Otro caso muy común, comes el menú en el trabajo y de postre te sacan una de esas tartas industrial a más no poder, ni siquiera te gusta… gran momento para ser un sibarita. Hay muchas ocasiones en las que la puedes aplicar, cuando te saquen un pan malo, con esas patatas de bolsa que no debiste comprar, con los acompañantes de los platos que no te gustan. 

En fin, peca solo si de verdad lo vas a disfrutar. Aplicando esta forma de respetarse a uno mismo como buen comedor, darle el valor al cuerpo que realmente tiene y cuidarlo como al templo que es en el que nos vamos a pasar toda nuestra vida. 

Si me lees con frecuencia sabrás que no soy un entrenador al que le guste mucho hablar de comida, creo que al final es como para un piloto hablar de gasolina. Aún así soy consciente de su importancia, Pero eso en mi Reto he puesto un menú diferente, saludable y fácil de cocinar para cada semana de las 12 que dura. Echa un vistazo: 

Juan Rallo todo el mundo debería conocer su mejor cuerpo

Feliz día!

Juan Rallo